(…) Pero cada vez que leo un libro es como si el autor me robara algo, que pensaba que solo yo sabía.
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Pero cuando no hay caminos de regreso, el alma queda como un filo, oscilando en el límite, en constante caída. El filo puede ser un hilo de luz lacerante o una sima.
Ella llevaba una camisa ardiente, ella tenía ojos de adormecedora de mares, ella había escondido un sueño en un armario oscuro, ella había encontrado un muerto en medio de su cabeza...
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