y sé que voy a necesitar a alguien que me sostenga cuando me caiga y mire con ojos temblorosos hacia arriba, pidiendo socorro... y sé también que no quiero nadie y a la vez lo quiero todo de nadie y sé que bien que tú no estarás, no es de sorprender, ni tú querido padre, y no es que precise de la rudeza de tu sexo ni del delirio de tu lengua puntiaguda y no es que maldiga la carne, y no es que odie en este momento, sino que exploto en éxtasis de melancolía, me arropo y me desnudo sola una y mil veces y contemplo lo que éramos y fuimos y seré. Serena un rato, bebo un sorbo y penetra la puntiaguda y filosa lengua en mi carne, como un verbo celeste, pintarrajeado de poemas malditos, hirientes y descabellados. Y no es que te quiera a mi lado corazón, y no es que no te quiera tampoco, es que no sos, es que no eres nada, y a la vez lo eres todo y me restas como también me sumas, como me sudas. Y sé bien que no estarás y como duele y yo sonrío como un chiste y sigo siendo la actuación, la catarsis de todos los actos y me quito los ojos y te los muestro estirando mis dos brazos, los ves? están empuñados llenos de sangre coagulada, nauseabunda, me los quité para ti, te los ofrezco como ofrenda, como sendero de promesas rotas que son vidrios por donde espero que un día camines y al enterrar cada vidrio sientas cada punzada que me da en el estomago cada vez que te veo y me muero y sé bien que no estarás y no entenderás la vida misma, que es muerte, que es suicidio, que es nudo en la garganta, que es soga en el cuello y tinaja de vodka barato y miles de anfetaminas nadando sincronizadamente en mi cabeza, porque la muerte ya no cabe más que en mi cabeza y cabum. Y sé bien que son las 12.00 y recuerdo el dolor y la risa y la nostalgia y la pasión y el orgasmo que destilé por primera vez en tus sábanas blancas sucias de tanto amor, de tanta verdad, de tanto líquido manso que no era tuyo sino mio, siempre mío. Y no me importas y si me importaras sin duda tampoco me importarías, pues te ahogaría como se ahogan las burbujas de oxígeno en el río donde los peces tienen miedo de asomarse, porque me ven y ven la lengua punteaguda y tienen miedo de mi mano afilada, sanguinolenta y todos tiene miedo incluso yo y me retuerzo en mis sábanas amarillentas y del musgo que crece en mi sexo y sé bien que tú no temes y sé bien que a la distancia desenmarañas todos estos sentimientos suicidas y sigues ahí, pues te siento, siento como abrazas a la niña que me habita y que aún es frágil y que siempre lo será y a la que tú no le temes y me haces feliz, sólo en sueños, sólo en memorias y sé bien que en realidad ya no estarás.
Carmyla
Carmyla
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