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Letanía.
Me gusta como suena, como se siente entre los labios, entre mis labios, porque no hay otros que los míos en este cuarto aún azul.
Pero esta es mi letanía.

Es más fácil acostumbrarse. Antes, un poco antes detestaba la palabra costumbre, cómo sonaba y lo que significaba. Hoy soy una prisionera. Qué curioso. 
A veces creo que el amor... el enamorarse sólo tiene significado en el tiempo, sólo puedes saber con certeza si amaste a alguien en dos ocasiones: en el momento preciso en el que siente el amor, cuando hay una nuez en tu estómago y jamás podrás volver a replicarlo, por lo tanto no podrás volver a recordar como te sentías en ese preciso momento y por lo tanto, como no lo recuerdas con exactitud, pues... lo pones en duda. Eso le pasa a los existencialistas. Bastardos. En mi mundo, la segunda opción requiere más tiempo... pasan los días, los meses, los años, logras vivir bien, incluso sentirte - en parte - feliz; y aún puedes recordar que amabas a alguien, incluso como se sentía, como olía ese instante, como se saboreaba esa saliva, como percibías el calor del sol o la luz de la lámpara. Yo lo recuerdo todo. Y es que antes creí haberme enamorado también, y sí, carajo, me enamoré. Pero creí haber amado, sí tal vez lo hice, pero lo refuto, porque ya ni recuerdo como se sentía. Puedo pasar junto a él, puedo mirarlo a los ojos, puedo cruzar palabras con él y siento un afecto por esa figura, pero es ficticia, no es él, es casi un completo desconocido, quiero sentirme feliz por él, quiero que sea feliz, quiero guardarlo y recordarlo como alguien que creí haber amado, como alguien de quién me enamoré y a quién me entregué, pero es inevitablemente un completo desconocido. En cambio, con él recuerdo cada detalle, su voz, sus cejas en diagonal cuando se ponía meloso, sus lunares, uno por uno, su gesto al equivocarse en la letra de una canción, sus ojos llenos de lágrimas al ver una película, cómo mordía su labio inferior, como sonaba al despertar, su risa fingida (Pero que era real), recuerdo todo. Podría escribir todo el día lo que recuerdo de él, todo el día lo que recuerdo de nosotros, de como éramos, de cómo se sentía cuando entraba en mí. Recuerdo cuánto dolía cuando estábamos lejos, cuando discutíamos, cuando luchaba conmigo para no perderle, recuerdo todo y puedo volver a llorar mil veces y no se trata de que no supere el pasado, de que no perdone, es que lo siento como si fuera aquí y ahora. En las vísceras del alma.
Ahora, soy presa de la costumbre. Prefiero lidiar con ella. Porque cuando uno ama a una persona, pero AMA realmente, trascendentemente en el tiempo y cuando te dejan, cuando te dicen "ya no quiero estar contigo" y cuando tú no lo esperas, porque aún amas, porque no te imaginas un día sin esa persona, porque no puede existir la vida sin esa persona, porque no importa nada carajo, no importan las clases, las notas, no importa el campo, no importa todo lo otro que amabas, sólo quieres estar lejos y llorar y llorar y que nadie te vea, que nadie te pregunte como se siente, porque eres capaz de volver a sentir y a vivir esa escena mil veces- en fin. Cuando experimentas ese tipo de dolor, crees que todo el mundo lo sentirá como tú y entonces yo no quiero que nadie siente ese dolor, ese vacío, ese estar en medio de la nada, en el aire sin alas y menos alguien a quién quiero, menos un compañero. Porque yo no quiero mentir, porque yo lo quiero, juro que lo quiero y si he hecho daño, no es por mala, carajo lo juro. Es un daño inevitable, porque se trataba de amor, incontrolable, pero es menor, porque siendo desleal a mi misma, no puedo más que hacerme daño a mí y ya sé lidiar con ésto. En cambio, el dolor que sentí cuando me dejó él, es algo con lo que se aprende a vivir, una trágica letanía., que me repito aún cuando me siento feliz, incompletamente feliz. He aprendido a amar trascendentemente, sin exigir, a amar a la distancia, ¡oh vaya sí!, lo aprendí, un poco tarde, pero lo aprendí. No necesito de la carne, porque su carne ya es mía, la conservo como mi aura, no importa que ya no lo vea, siempre lo recuerdo y siempre lo repaso para no olvidarle, porque tengo tengo miedo de olvidarlo, no quiero olvidarlo, pero sé que no necesario.... sé que no lo olvidaré, porque lo amo. Me quedo con la costumbre, porque me acostumbré a amar de forma trascendente sin necesitar nada. Me propuse no pedir nada a cambio y lo logré, ¡tarde y en extremo!, vaya qué estúpida fui, pero lo logré. Aprendí a vivir enamorada, amando día a día a un hombre, porque tarde o temprano, la costumbre gana y ella sí que me ganó a mí. Prefiero dejar el orgullo, darle la razón a la costumbre y evitar el daño, porque sé cuanto duele cuando te dicen "ya no quiero seguir con esto"  y yo no quiero que nadie sienta el dolor que sentí hace un tiempo atrás. Esa trágica letanía prefiero llevarla sólo conmigo a entregársela a un compañero.

Tengo fiebre.
f.carmilita.-

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Toda pedir lo imposible...

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