De tanto repasarte se me ha olvidado mi nombre, de tanto repensarte se me ha olvidado el lugar donde habito, de tanto llamarte por la noches paso en vela, de tanto en tanto iluso sueño ya se me hace que vivo dos vidas, que reniego del día. Espero ansiosa la noche, disfruto tanto mi soledad donde soy libre de pensarte, de pronunciar tu nombre en sueños sin temor de que la maolí me escuche. Ansío esa noche, donde somos solo mi cuerpo y mi corazón hirviendo de pasión y placer y recreando el más tenue, romántico espacio invisible que nos une y nos separa al mismo tiempo. Preparo mi cuarto, preparo mi mundo simulado me tiendo en mi cama y no hago más que pensar en como sería la vida contigo, como sería si el día terminara a tu lado, ambos recostados boca arriba sin la necesidad de mirarnos, pero teniendo entre pestañas nuestro rostro dibujado, mimetizando los ojos, esos cuatro ojos caleidoscópicos como un sólo torniquete de besos. Tendidos boca arriba sin hablar pero escuchándonos, acariciándonos con la tenue respiración que se hace carne cuando vivo y cuando muero, a diario... como sería. Y de tanto sueño, de tanta agonía ya se me hace que vivo dos vidas y de tanto vivir esa vida, de tanto ansiar el momento de llegar a tocar su puerta y entrar a esa escena ya se me hace que ahora estoy soñando y que la realidad siempre estuvo, está y estará a tu lado, aunque nuestros cuerpos estén muy alejados.
F.C.-
F.C.-
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