“Sigo siendo fiel a mi costumbre de llamarte antes de dormir. Es fácil cerrar los ojos y mirarte. Cada respiro te nombra automáticamente. No tardes, no lo hagas. Y me da la impresión de que te estás preparando para mi, que te estás poniendo guapo el corazón y sacudiendo las alas. Y yo me pulo el alma, embellezco mi aura, me visto de amor y grito al universo que quiero me desvistas, que vengas y tomes lo que estoy guardando para ti. Y respiro aún más fuerte, más hondo, trato de encontrar en el aire pedazos de ti. Retazos de tu risa y tu perfume que es la melancolía misma. Y es que todas las noches te nombro temerosa de que te haya encontrado y perdido. Deseosa de besarte el alma, de acariciar tu piel, de que la noche me agarre en tus brazos y nos cobije el amanecer. Sigo siendo fiel a mi costumbre de llamarte, de escribirte, de prosar-te, de tenerte en suspiros, versos, premoniciones y sueños.”
— De noches y melancolías, Mercedes Reyes Arteaga.
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