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Ahora tengo dos cosas ciertas; un mal presentimiento y un dicha tremenda. Lo malo es que estoy propiciando el cumplimiento de lo primero, pero quizás porque quiero que la historia esta vez si sea diferente. Un día conversando en un sueño con Cortázar y Benedetti (¡Qué  fantástico sueño!, literal-mente; de literatura y leteralidad) me susurraron -para que nadie más lo oyera- que los amores eternos son los más breves, entonces he decidido sacrificar la dicha de mañana. Quiero alguna vez hacer eterno algo, que  no se hastíe o se descomponga. Casi siempre lo descompongo todo, hoy no lo quiero así. Será sufrimiento a la vena, será pasional como la literatura misma, pero será eterno y no aburrido. Y cada día por la mañana me despertaré con la esperanza de volverte a ver. Ninguno sacrificará su vida, ninguno será egoísta  o quizás lo estoy siendo por imponer algo, por maquinar el destino. Quizás queriendo ser espontanea estoy siendo calculadora. No sé, la verdad no sé. Sólo sé que hoy me quedo con lo último, con la dicha de tenerte hoy a mi lado, y así a cada instante lo disfruto más, lo dilato un poco para que nunca se acabe. No sé bien que estoy haciendo, pero quiero hacerlo diferente.
F.C.-

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Toda pedir lo imposible...

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