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La huida de la costra

Una costra se ha escapado y a dado paso al dolor, atengámonos sólo a eso, pues es lo que está ocurriendo, atengámonos sólo a eso por un instante y seamos consciente de que el cuerpo es frágil y duele a la más mínima presión. Y como  no hay dualidad cartesiana, como somos uno, con todo, duele todo; duele el vacío que dejó la costra en aquel lugar, duele la forma acelerada de respirar y duele el pájaro que cruza la ventana, duelen las líneas ferroviarias, duele la gota de lluvia que aterriza en la acera y duele el mar que es el órgano más delicado del mundo entero.


                    D uele la p e n a. 

Carmyla.-

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Toda pedir lo imposible...

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