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Veronika decide morir

Mi madre que ha de estar preocupadísima con mi intento de suicidio, se repondrá del susto y me preguntara que voy a hacer de mi vida, por qué no soy igual que las demás personas, ya que, a fin de cuentas, las cosas no son tan complicadas como pienso que son. "Mírame a mi, por ejemplo, que estoy cansada desde hace años con tu padre y he tratado de darte la mejor educación y los mejores ejemplos posibles."

Cualquier día me canso de escucharla repetir siempre la misma conversación y para agradarle me caso con un hombre a quien me obligo a amar. Él y yo terminamos por encontrar una manera de soñar juntos en nuestro futuro, la casa del campo, los hijos, el futuro de nuestros hijos. Haremos mucho el amor el primer año, menos el segundo, y a partir del tercero la gente quizá piense en el sexo una vez cada quince días y transforme ese pensamiento en acción solo una vez por mes. Peor que eso: la gente casi ni ha de conversar. Yo me forzare a aceptar la situación y me preguntaré que he hecho mal, ya que no consigo interesarlo, no me presta atención y vive hablando de sus amigos como si fuesen realmente su mundo.

Cuando el matrimonio se sostenga solo por un hilo, me embarazaré. Tendremos un hijo, pasaremos algún tiempo más cerca el uno del otro y luego la situación volverá a ser la de antes.
Mientras comenzare a engordar como la tía de la enfermera de ayer (o de días atrás no sé bien). Y comenzaré a someterme a algún régimen, sistemáticamente derrotada cada día, cada semana, por el que insiste en aumentar, no obstante todo el control. A esas alturas tomaré las drogas mágicas para no caer en depresión... y tendré algunos hijos, en noches de amor que pasará a prisa a más no poder. Diré a todo el mundo que los hijos son la razón de mi vida, pero en realidad ellos exigen mi vida como razón. 
La gente pensará siempre que somos una pareja feliz y nadie sabrá lo que existe de soledad, de amargura, de renuncia, detrás de toda apariencia de felicidad.
Hasta que un día, cuando mi marido se busque su primer amante, yo tal vez haga un escándalo como la tía de la enfermera o piense de nuevo en suicidarme. Pero para entonces ya estaré vieja y seré cobarde, con dos o tres hijos que necesitan mi ayuda y debo educarlos y colocarlos en el mundo, antes de ser capaz de abandonarlo todo. Yo no me suicidare: haré un escándalo  amenazare largarme con los niños. Él, como todo hombre, retrocederá, dirá que me ama y que aquello no se va a repetir nunca más. Nunca le pasara por la cabeza que si de todas formas me resolviera a irme, la única opción sería regresar a casa de mis padres, quedarme allí el resto de mi vida teniendo que escuchar todo el día a mi madre lamentarse que haya perdido una oportunidad única de ser feliz, que el era óptimo marido a pesar de sus pequeños defectos, que mis hijos van a sufrir mucho con la separación.
Dos o tres años después otra mujer aparecerá en su vida. Lo descubriré- porque ví, porque alguien me contó-, pero esta vez finjo que nada sé. Gasté toda mi energía luchando contra la amante anterior y no sobró nada; es mejor aceptar la vida como es en realidad y no como yo imaginaba que era. Mi madre tenia razón.

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Toda pedir lo imposible...

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